Monday, January 26, 2026

¿Qué tanto impacto tiene la inversión social privada de las ONG y las ESAL en Colombia?

 


¿Qué tanto impacto tiene la inversión social privada de las ONG y las ESAL en Colombia?

 

Luis Julián Salas Rodas

Sociólogo

Universidad Pontificia Bolivariana

Especialista y Magister en Ciencias Sociales

Universidad de Antioquia

Magíster en Ciencias de la Educación

Universidad París XII

Ex Director Ejecutivo de la Fundación Bien Humano

Ex Presidente del Consejo Directivo de la Federación Antioqueña de ONG

Luijus34@gmail.com

@LuisJulianSalas

Blogs en Google: Familia y Otros; Juntas Directivas ONG, ONG y Gerencia Social

Medellín – Colombia

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Tres actores y su interrelación son claves en el desarrollo en un país con un Estado Social de Derecho y de Economía de Mercado, a saber: el Estado que representa y detenta el poder político, la Empresa Privada que detenta el poder económico y genera la riqueza de bienes y servicios y el Sector Social o Tercer Sector que representa el poder de la solidaridad. Entre más se interrelacionen los actores más impacto tienen en promover tanto el desarrollo como el bienestar, el Bien Común, y la calidad de vida de la población.  Esto acontece en mayor medida si entre los actores se genera y mantiene un clima de confianza y respeto mutuo, aunque no siempre sucede de esta manera haciendo difícil y complejo establecer alianzas proyectos y programas compartidos. Las alianzas público-privadas entre estos tres actores se basan en la contratación, los convenios y las mesas de trabajo para formular políticas públicas y sociales en beneficio de la ciudadanía. Es de mencionar, además, los aportes al desarrollo del Sector de la Economía Solidaria, que en Colombia lo conforman las precooperativas, las cooperativas, los fondos de empleados y las mutuales.

Definición de Sector Social

Es el conjunto de organizaciones sin ánimo de lucro que no son gobierno ni empresas capitalistas, que trabajan por el bienestar colectivo y la justicia social, cubriendo áreas como educación, salud, vivienda, desarrollo humano, a través de la iniciativa ciudadana y la participación ciudadana democrática para resolver problemas sociales. (Google).

Los regímenes democráticos se caracterizan por reconocer y apoyar al Sector Social y sus organizaciones, mientras que en los regímenes autoritarios hay una tendencia a restringir el Sector Social, a reducir su autonomía y operación. Es el caso de Nicaragua donde el dictador Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo han cerrado 5.600 Organizaciones No Gubernamentales ONG, nacionales e internacionales, confiscando sus bienes y consolidando el control estatal sobre la Sociedad Civil, dejando a millones de beneficiarios sin acceso a bienes y servicios esenciales

La Empresa Privada, el Sector Social, las personas naturales y los distintos colectivos y poblaciones conforman la Sociedad Civil. Hay una distinción fundamental entre el Estado y la Sociedad Civil:  mientras que los funcionarios públicos solo pueden hacer lo que la Ley les permite, la Sociedad Civil puede hacer todo aquello que la Ley no les prohíbe. Esta distinción es esencial para entender la lógica y la dinámica de cada actor.

El Sector Social en Colombia está conformado por una gran diversidad y multiplicidad de organizaciones. La heterogeneidad es de doble filo, por un lado, es muestra de la iniciativa privada y del ejercicio al derecho constitucional de la libre asociación, por otro lado, es dispersión de recursos y multiplicidad de organizaciones duplicando acciones en similares proyectos y programas.

A diferencia de los gremios de la Empresa Privada que tienen un voz fuerte y propia ante e Estado, la Opinión Pública y la sociedad mediante sus pronunciamientos de su Consejo Gremial, el Sector Social es débil, pues carece de esta fortaleza institucional y un un ente rector que convoque, agrupe, represente, movilice y defienda sus intereses ante el Estado y otros actores del país.

El Sector Social tiene una baja credibilidad, una limitada capacidad de gestión, coherencia interna, de articulación y  coordinación, pocas agendas compartidas, débil transferencia de conocimiento, dificultades en la comunicación y divulgación de resultados, preminencia de visión de corto plazo por el largo plazo, estigmatización y percepción difusa de los logros, brechas digitales entre las organizaciones, limitaciones técnicas y de metodología, fragilidad y falta de permanencia de las alianzas público privadas, baja incidencia política, poca oferta de fortalecimiento institucional, dificultad en contratar, remunerar y retener personal con conocimientos y experiencia, escaza capacidad de seguir, monitorear y medir resultados y soportar evidencias de cambio y transformación, y la, lo más importante: la dificultad de conseguir y mantener fuentes confiables y seguras de financiación para cumplir, a cabalidad, la misión institucional y los objetivos de los programas formulados y a ejecutar..   

(Para una mayor información y conocimiento del Sector Social en Colombia consultar el estudio realizado, en 2025, por Compartamos con Colombia, Enlaza Sur, con el apoyo de la Ford Foundation y la participación de 200 organizaciones distribuidas así: 112 Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC), 58 Organizaciones de Base o Comunitarias, y 30 Fundaciones Familiares y Empresariales).  Https://compartamos.org).

 Asociación de Fundaciones Familiares y Empresariales de Colombia, AFE

Esta asociación, con sede en Bogotá, creada en 2008, agrupa organizaciones de 85 fundaciones familiares y empresariales del país, mediante el trabajo en alianza para impulsar y unir esfuerzos en proyectos de desarrollo social, educación y bienestar.

Aura Lucia Lloreda, directora ejecutiva de la AFE, en un interesante artículo escrito para la revista Semana analiza el desafío de invertir en lo social en tiempos de incertidumbre y desconfianza y explica el por qué la coordinación con las políticas públicas hoy es clave. (Revista Semana, 22 de diciembre de 2025).

En dicho escrito la directora de la AFE da una cifra con datos del 2024 frente a la cuantía de la cooperación privada, entendida como la inversión social realizada por empresas, fundaciones y otros actores de carácter privado. La suma dada es de más de 4 billones. De esa cifra afirma la doctora Aura Lucia que en la AFE se invirtieron más de un billón de pesos en 2024 a través de más de 800 iniciativas que impactaron a más de 16 millones de colombianos.  

De entrada, dos observaciones frente al artículo, una es la imprecisión en la cifra suministrada de 4 billones de pesos y más, de los cuales un billón de pesos y más son de aporte de las organizaciones afiliadas a la AFE; la otra observación es que no nos dice cuál es la fuente de información de los 3 billones de pesos y más de las otras empresas y ONG no afiliadas a la AFE. En términos económicos las cifras, los números deben de ser exactos y no aproximados. En términos de credibilidad y transparencia siempre se deben citar las fuentes de donde provienen las cifras y los datos.

Dejando de lado los reparos a dicha cifra, 4 billones de pesos es muy poco monto de inversión privada aportada por las empresas y las organizaciones del Sector Social. Decimos que muy poco si la comparamos con los ingresos anuales de las empresas privadas, por ejemplo, con el listado de las 50 empresas más grandes del país. En el puesto 35 esta Interconexión Eléctrica ISA con ingresos de $4.13 billones y en el puesto 35 está ubicada Toyota Colombia con $4 billones. Traigo a colación el ejemplo comparativo con la empresa privada para demostrar el argumento de la baja cuantía de recursos financieros que moviliza en nuestro medio el Sector Social. Según cifras de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN) en el año 2025 se registraron en el Régimen Tributario Especial (RTE) 1037 Entidades Sin Ánimo de Lucro ESAL, entre fundaciones, corporaciones, asociaciones, cooperativas, precooperativas, ligas, federaciones, clubes deportivos. No se cuentan en este listado las ESAL que se pasaron al Régimen Tributario Ordinario RTO donde deben pagar impuestos si generan excedentes en la operación.

Caben otras comparaciones, por ejemplo: con el presupuesto general de la nación de $547 billones aprobado por el Congreso para el año 2026 es menos del 1%; o sea apenas el 0.73% del mismo. Los 12.000 mil millones de dólares de las remesas que los colombianos/as envían a sus familias del exterior según el Banco de la República y como porcentaje del Producto Bruto Interno del país (PIB) de 438.120 mil millones de dólares de acuerdo a datos del Fondo Monetario Internacional (FMI),

Una restricción para las ONG y ESAL de Primer Piso obtener recursos para la operación de sus proyectos y programas son las pocas ONG y ESAL de Segundo Piso que están dispuestas a aprobar y desembolsar los dineros solicitados. Estas entidades delimitan, en su mayoría, de acuerdo a su misión institucional y objeto social estatutario, cuales proyectos a financiar y cuáles no. O sea que solo apoyan aquellos proyectos y programas de las ONG y ESAL que estén en sintonía y concordancia en las convocatorias.

En cuanto a la celebración de convenios de asociación con agencias del Estado éste impone a las ONG Y ESAL contrapartidas ya sea en especie o dinero para llevarlos a cabo. En este sentido las ONG y ESAL de Segundo Piso como las Fundaciones Familiares Y Empresariales tienen más posibilidades y más recursos financieros disponibles para aportar que las ONG y ESAL de Primer Piso. Es una desventaja estructural.

Coordinación con las políticas públicas y programas de las agencias del Estado y los entes territoriales

Es bienvenido el llamado que hace la directora de la AFE en cuanto a superar la tendencia de las ONG y ESAL y a las empresas privadas a obrar e implementar los proyectos y programas institucionales dejando de lado el establecer uniones, alianzas con otras organizaciones sociales y en especial con el Estado. Escribe al respecto: En este escenario, las empresas privadas no solo están llamadas a sostener su compromiso con el desarrollo sino hacerlo de manera más articulada, estratégica y, sobre todo, responsable (…) La relación entre lo público debe evolucionar. No se trata de reemplazar al Estado ni mucho menos de asumir funciones que le corresponden, sino de construir esquemas de colaboración más claros y estables. El sector privado puede aportar innovación, conocimiento y visión de largo plazo; el sector público, orientación estratégica, capacidad de política pública y estabilidad. Sin embargo, sin reglas claras, coordinación territorial y. sobre todo, confianza, cualquier esfuerzo queda incompleto.   

Muy de acuerdo. La coordinación con el Estado depende de su recepción y de la voluntad política de aceptarla. La verdad sea dicha que bajo el gobierno del presidente Gustavo Petro Urrego no ha habido un real interés en trabajar con las ONG y las ESAL del país. En sus discursos y narrativas no las nombra ni las ha tenido muy en cuenta a la hora de coordinar las políticas públicas, proyectos y programas con agencias estatales. Ha preferido hacerlo directamente con las comunidades de base las cuales prestan apoyo político en contraprestación por los dineros recibidos. Sigue existiendo en el Gobierno Nacional y en sectores de la Opinión Pública y de la sociedad un entorno no habilitante que impide una mayor actuación, gestión e impacto social de las ESAL y las ONG. Vale anotar que existen excepciones al respecto en algunos entes territoriales como departamentos, distritos, ciudades y municipios que si propician las alianzas y el trabajo coordinado con ellas.

Otros dos factores que se agregan  un entorno no habilitante para las ONG y ESAL en cuanto a recursos financieros  son la reducción de los beneficios tributarios a las empresas y donantes dado en el decreto 2150 de 2017, y la disminución de los aportes de la Cooperación Internacional al Desarrollo desde las agencias de los países desarrollados como Estados Unidos con el cierre de USAID y en Europa con el recorte de la ayuda para destinar esos dineros a incrementar los gastos de defensa ante la guerra en Ucrania y la amenaza de Rusia.

En cuanto a las acciones de la AFE deberá ésta convocar y dar mayor participación a las ONG y ESAL de Primer Piso, afiliadas a la Confederación Colombiana de ONG y sus federaciones regionales por medio de alianzas con las de mayor reconocimiento, idoneidad y trayectoria como expertas en distintos temas del desarrollo y conocimiento de las comunidades urbanas y rurales del país, a la vez que fortalece, en mayor medida, todo el Sector Social.

Cobertura nacional de la inversión social privada

Retomando las palabras de la directora ejecutiva de la AFE: Aunque la inversión social privada tiene cobertura nacional, su mayor concentración se mantiene en departamentos como Antioquia, Valle del Cauca, Bogotá, Cundinamarca, Atlántico Y Bolívar, mientras que regiones con altos niveles de pobreza multidimensional como Vichada, Guanía, Guajira, Vaupés y Chocó continúan rezagadas. Estas brechas no responden solo a la disponibilidad de recursos sino también a limitaciones de coordinación, capacidad institucional y continuidad en la acción pública, que siguen restringiendo el impacto de los esfuerzos existentes.

Muy valedera la crítica y reflexión de la directora a este respecto. Solo mencionar que aún existen muchas fundaciones familiares y empresariales que bajo el concepto de Responsabilidad Social Empresarial RSE circunscriben su atención, recursos, programas y proyectos únicamente a las grupos, familias y comunidades vecinas a sus fábricas sin extender su compromiso y solidaridad a otras poblaciones no cercanas y alejadas.

La medición del impacto social de la inversión privada del Sector Social

Con relación a este importante asunto escribe la directora de la AFE: Y finalmente, avanzar hacia la tomade decisiones basada en la evidencia, profesionalizando aún más el trabajo del sector, midiendo resultados, reconociendo errores y concentrando esfuerzos en lo que realmente genera impacto.

Medir el impacto social de los proyectos y programas tanto públicos, como de la Empresa Privada y el Sector Social, eh ahí el meollo de la cuestión, lo esencial.

La medición del impacto social es un proceso analítico y sistemático que cuantifica y comunica el valor social, ambiental y económico generado por una organización o proyecto yendo más allá de las métricas financieras. Permite evaluar cambios reales en la comunidad, mejorar estrategias, captar financiación, garantizar la transparencia y mejorar la reputación (Google).

El impacto social de un proyecto o programa puede ser planificado e intencional, con consecuencias y resultados tanto positivos como negativos, directos o indirectos, de corto o largo plazo. Un impacto social puede ser negativo en una comunidad cuando desde un enfoque y metodología asistencial tiene como resultado incrementar la dependencia hacia la ONG o la ESAL, frenar la iniciativa, impedir la autonomía y la participación activa, impidiendo el despliegue en las comunidades de sus fortalezas, sus capacidades y sus oportunidades reales de cambio y transformación en su nivel y condiciones de vida tanto personal como colectiva.   

Como bien se deduce de la definición, los impactos sociales en la realización de programas y proyectos no se limita, únicamente, a recopilar testimonios de los participantes, a registrar las estadísticas de las actividades realizadas, ni al, alcance y cobertura geográfica y poblacional alcanzada durante el tiempo de ejecución de los mismos.

La medición del impacto social es un campo del conocimiento que requiere de expertos evaluadores e investigadores, con amplio conocimiento en enfoques, metodologías, tanto cuantitativas como cualitativas, en la recolección de datos, procesamiento, análisis y experiencia acumulada a través de los años.

Para emprender, con acierto, un estudio, una evaluación de impacto social es requisito indispensable contar desde un principio con los recursos económicos suficientes. Se estima que el valor de una evaluación de impacto social, en promedio, la mitad del costo de ejecución del proyecto o programa. No siempre se cuenta con recursos propios para contratarlo, ni tampoco es fácil encontrar quien esté dispuesto a financiarlo.

Un estudio de impacto social requiere construir una Línea de Base, Ex Ante, con las categorías e indicadores más relevantes a medir y contrastar no solo durante su ejecución sino un tiempo después de su finalización o sea ExPost. El verdadero impacto social de un proyecto o programa reside en demostrar, con evidencias, que estos si lograron trasformar, cambiar las condiciones de vida de las personas, grupos, familias y comunidades tal como se esperaba en la formulación de los objetivos iniciales a lograr. El verdadero impacto social es aquel que permanece en el tiempo, es decir que no desaparece, ni se diluye con los años.

A continuación, dos ejemplos ilustrativos de dos mediciones del impacto social:

Los programas de inversión en la Primera Infancia presentado por el profesor estadounidense James Heckman:

La evidencia muestra que la forma más costo-eficiente de proveer igualdad de oportunidades, mayor desempeño y mayor éxito económicos complementando el entorno familiar de los niños en situación de vulnerabilidad con educación. Los beneficios obtenidos en la Primera Infancia se deben reforzar con una educación secundaria y superior de calidad que continue el desarrollo de destrezas cognitivas y el carácter.

La preocupación por el costo de la educación en la Primera Infancia es justificable, pero desaparece rápidamente cuando se compara con los retornos. Programas como el Perry Preschool cuestan entre US$ 7.000 y US$ 8.000 al año por niño. Este monto es muy parecido al gastado por niño en la educación secundaria pública. La tasa de retorno de la inversión en educación de calidad para la Primera Infancia es del 7-10% al año. Esta tasa de retorno es exponencial y sumamente valiosa; cada dólar invertido en educación para la Primera Infancia rinde diez centavos al año durante cada año de vida del niño. (…) Una inversión en los primeros años de vida nos permite forjar el futuro y construir capital; invertir más tarde nos condena a corregir las oportunidades perdidas del pasado, lo cual lo pagaremos muy caro. (Reflexiones sobre la importancia de invertir en la Primera Infancia. Documentos escritos por el profesor James Heckman. www.heckmanequation,org).

Otra medición de impacto social y económico comprobada es la de la Encuesta Nacional del Uso del Tiempo (ENUT) que realiza el DANE donde mide la manera como las personas distribuyen su tiempo diario en actividades remuneradas y no remuneradas como las tareas del Cuidado y los quehaceres domésticos. La encuesta ha estimado que el impacto, el aporte del trabajo no remunerado de las mujeres, en la llamada Economía del Cuidado, es cercana al 20% del PIB del país, es decir 80 mil millones de dólares. Una cifra enorme. Ese sería el dinero que habría que remunerar a las mujeres que dedican a esas labores, en promedio, 7 horas y 35 minutos diarios. (https://dane.gov.co)

Otros medios y metodologías, menos costosos, a la que pueden acudir las ONG y las ESAL en la evaluación del impacto social son la sistematización de experiencias como método de interpretación crítica que reconstruye y ordena los procesos vividos para allegar conocimiento, comprender su lógica interna y los distintos factores intervinientes. Implica la participación activa de las personas y grupos involucrados.

Los estudios de efectos tempranos son otra forma de detectar impactos iniciales al momento de terminar la ejecución del proyecto o programa sobre la población intervenida. Se realiza mediante la aplicación de cuestionarios, grupos focales y testimonios. La limitación es que no puede determinar si los cambios hallados van o no permanecer en el tiempo.

La implementación de estos estudios de impacto social por parte de las ONG y las ESAL implica crear un área de gestión del conocimiento dentro de la organización responsable de asumir dicha tarea en los proyectos y programas elegidos para dichos estudios. Otra manera es contratarlo con firmas y expertos externos. A este respecto es importante que las ONG y las ESAL que publiquen, divulguen y socialicen los resultados tanto con la comunidad científica como ante los medios de comunicación y redes sociales y foros y no limitarse solo a informar a las juntas directivas y asambleístas de la organización.

En el citado estudio del Sector Social en Colombia se afirma que el 33% de las organizacio9nes y fundaciones empresariales declara no haber realizado ejercicios de medición de impacto en sus proyectos y programas. Las razones más frecuentes                 son la falta de conocimientos, con el 32%, de recursos técnicos o económicos, 19%, especialmente en organizaciones sociales y comunitarias, evidenciando debilidades en el seguimiento, monitoreo o evaluación de sus intervenciones.

El estudio menciona, además, diferencias notables entre fundaciones familiares y empresariales con otras ONG de Primer Piso, de base y comunitarias en loa medición del impacto social en cuanto a capacidad técnica e indicadores definidos y formulados. Recomienda a las organizaciones la formación de indicadores significativos, medibles y contextualizados y contar con una caja de herramientas que incluya ejemplos y formatos adaptables que vincule la medición con la misión institucional. Concluye que la medición del impacto suele responder más a exigencias externas que a una cultura organizacional de aprendizaje. El 23% de las Fundaciones Empresariales, de la muestra, no cuenta con indicadores en sus proyectos y por lo tanto no le es posible medir su impacto social. Y solo el 7%, una cifra muy baja, identifica la medición como una causa principal de sus problemáticas. Sin embargo, su baja priorización afecta la capacidad de demostrar resultados y limita el acceso a nuevas fuentes de financiamiento o alianzas estratégicas. En consecuencia, la medición del impacto social de los proyectos y programas es un punto débil en las organizaciones de la muestra.

Como hallazgo importante del estudio se identifica que el 69% de las organizaciones encuestadas identifican la falta de financiamiento como la principal problemática que limita la operación, el crecimiento y proyección a largo plazo y está directamente vinculada a la dependencia de recursos internos, la baja inversión pública y la falta de estrategias de generación de ingresos propios. (…) El panorama del Sector Social en Colombia muestra una alta vulnerabilidad de las organizaciones, donde dos de cada tres que aún dependen de donaciones. Solo un 42% recibe ingresos en forma constante y un 35% podría operar un máximo de un mes si se interrumpen sus recursos actuales. Es de anotar que las Fundaciones Familiares y Empresariales disponen de mayor fuente recursos disponibles en sus presupuestos que las ONG y las ESAL de Primer Piso, así como las organizaciones de base y comunitarias.

Ante la escasez de recursos de las agencias oficiales de cooperación al desarrollo las ONG de los países del Tercer Mundo ven en la Filantropía Consciente de ONG del Primer Mundo una fuente, una oportunidad de financiación de sus proyectos y programas. Apoyo que está siendo determinado por la demanda de exigir resultados verificables y confiables para su aprobación. Exigencia que implica una mayor competencia entre las entidades y un mayor esfuerzo institucional para conseguir dichos recursos, en especial a las ONG y ESAL de menor tamaño y relaciones.

Los Bonos de Impacto Social (BIS) son otra iniciativa para obtener financiación de inversores privados en proyectos y programas sociales de las ONG y ESAL donde el Estado, el gobierno solo paga si se cumplen, a cabalidad, los objetivos y metas. Los inversionistas aportan el capital inicial asumiendo el riesgo de no retorno si estos no se cumplen. El modelo de los BIS pretende mejorar la efectividad del gasto público, la innovación social y la resolución de problemas en las comunidades. (Google).

No deja de ser un asunto inquietante de cómo puede hacerse, con validez y verificación, la medición del impacto social de la inversión privada en un país como Colombia con una población, urbana y rural, vulnerable en zonas de conflicto, con actores armados que se disputan, con violencia, territorios, acceso y control de rentas ilegales mediante el desplazamiento forzado, amenazas, extorsiones, desapariciones. Secuestros, confinamientos, despojo de tierras, reclutamiento de menores, asesinatos y víctimas.

La mayoría de las ONG y ESAL del país tienen una cobertura geográfica y poblacional limitada a lo local o regional. Muy pocas tienen una cobertura nacional. De ahí que el monitoreo, seguimiento y medición del impacto social de los programas y proyectos cuando estos se realizan están circunscritos a un territorio y población determinada.

Mientras la Cooperación Nacional Internacional presiona y demanda a las organizaciones del Sector Social por la realización y medición del impacto social de sus programas y proyectos poco se dice y reclama de la de medición, seguimiento y monitoreo de los mismos por parte del Gobierno Nacional, sus agencias y entes territoriales al respecto, donde los escáandalos públicos en los medios de comunicación y redessociales, la corrupción, la contratación irregular de obras civiles que quedan como elefantes blancos inconclusas, la mala formulación y terminación de programas y proyectos incluidos en los planes de desarrollo, las coimas y sobornos de los contratistas en la adjudicación de millonarios contratos por parte de los funcionarios públicos están a la orden del día. Bastante trabajo tienen, en este sentido,. las procuradurías, las contralorías y las veedurías ciudadanas.

Resumiendo. Las condiciones de existencia y sostenibilidad de las ONG y las ESAL del Sector Social se ven enfrentadas tanto en el presente como hacia el futuro a nuevos retos y desafíos que ponen en entre dicho sus reales capacidades para afrontarlos, al tiempo que deben mantener la reputación institucional, la confianza pública, el reconocimiento, la transparencia, la efectividad y la eficiencia ante los otros actores políticos, sociales y económicos tanto a nivel nacional como internacional. De no hacerlo se debilitarán y deteriorarán aún más, su imagen, prestigio y credibilidad.

En ONG y ESAL con problemas de carencia de recursos estables, de planeación estratégica, de poca planta de personal, de débil relacionamiento y articulación con otras organizaciones y actores, de proyectos y programas con débil capacidad de gestión,  formulación y estructuración, de gobernabilidad, limitaciones en adopción de tecnologías, no cumplimiento de objetivos, del presupuesto de ingresos y egresos, ausencia de estandarización de procesos internos, baja comunicación interna y externa, pocas oportunidades de capacitación del equipo de trabajo, es comprensible que el seguimiento, monitoreo, evaluación  e impacto social de los proyectos y programas no sea asumido como una prioridad misional e institucional, ante el cúmulo de problemas por resolver en el día a día.

Por último. Carecemos pues, en Colombia, de información confiable, cierta, global y consistente acerca de la medición tanto de la cuantía del impacto social de la Empresa Privada y las ONG y ESAL del Sector Social en la ejecución de sus proyectos y programas, como de las verdaderas transformaciones y cambios positivos en el bienestar económico y social de la ciudadanía y de las poblaciones más vulnerables. En este sentido queda mucho trabajo y gestión por hacer.