Thursday, January 28, 2010

DE LA PERMANENCIA Y ROTACIÓN DE LOS MIEMBROS, EN UNA JUNTA DIRECTIVA DE UNA ONG

Luis Julián Salas Rodas
Sociólogo
Especialista y Magister en Ciencias Sociales
Magister en Ciencias de la Educación
Director Ejecutivo de la Fundación Bien Humano



Las organizaciones formales: seres vivos con ciclo vital

Las organizaciones formales son creación humana, no nacen por generación espontanea, hay que fundarlas, aportarles recursos y darles una personalidad jurídica y legal. Y como se las dota de vida propia son, también, afectadas por el paso del tiempo, por el ciclo vital, por períodos de auge y decaimiento; y dependiendo de nuestras decisiones y de las contingencias externas sujetas a permanecer por muchos años, a la muerte temprana, súbita, o en definitiva al cierre y la liquidación.

Pocas veces se cruza la etapa del ciclo vital de la organización con el tipo de conocimientos, habilidades, competencias y experiencias que deben tener los miembros de la junta para esa etapa particular del ciclo. Son distintas las demandas de participación de una junta en una organización naciente, donde esta todo aun por planear y hacer, que en una organización con diez o más años que dispone ya de una estructura social definida, de procesos documentados y una planta de cargos remunerada. Y así como las organizaciones son influenciadas por los retos y las tareas propios de cada etapa del ciclo vital, las personas también lo son. No escapan a ello.

La sociodiversidad y el encargo fiduciario

La diversidad de origen, de género, de generación, de edad, de profesión son factores de enriquecimiento y de fortaleza en una junta directiva siempre y cuando haya en ella un clima de respeto, de dialogo, de participación y de gobernabilidad democrática que posibilite la concurrencia y expresión de las diferencias. La diversidad, no la homogeneidad es el valor a propiciar en la composición de una junta directiva. Distintas personas, múltiples ciclos de vida pero un objetivo común: trabajar en equipo generando valor agregado a la organización. Una junta directiva exitosa es aquella donde hay conocimiento profundo de la organización, claridad entre gobernar y gerenciar, compromiso, responsabilidad, escucha, comunicación efectiva, liderazgo compartido entre el presidente(a) y el director(a) ejecutivo(a), planeación y evaluación del desempeño.

Los bienes, los dineros, el patrimonio de una entidad sin ánimo de lucro pertenecen a las comunidades objeto del servicio o la intervención. Los miembros de junta son fideicomisarios, garantes del buen uso, representantes de la sociedad. Es una responsabilidad asumida voluntariamente pero con consecuencias legales.

La conformación de una junta y el perfil de los miembros

Existen dos formas para conformar una junta directiva: una es la Asamblea de Socios quien elige los candidatos y otra modalidad es una junta de carácter permanente que nombra por cooptación los remplazos. No son muchas las organizaciones, deberían ser la mayoría, las que establecen un perfil definido para seleccionar los y las candidatas a ser vocales en la junta. Por no tenerlo es que en la elección prima el amiguismo, el status, las relaciones sociales y las influencias reales o imaginarias del candidato. Si además no se tiene conciencia de la etapa del ciclo de la organización, si se carece de un análisis del entorno, y de una prospectiva de futuro, no hay garantías para acertar en la elección.

Caso aparte en la conformación de la junta directiva son las ONG creadas por familias y las ONG con representantes institucionales. En el primer caso priman los criterios del parentesco y la afinidad para la elección y permanencia de los miembros. En el segundo se obedece a circunstancias de vinculación laboral para ejercer la representación en la junta a nombre de terceros. En ambos casos, no se consideran otros requisitos para la elección de los miembros, y tal circunstancia tiene sus efectos en el funcionamiento y gobernabilidad de la junta.

Los riesgos de la reelección indefinida

Las organizaciones formales, entre ellas las ONG, se crean para perdurar en el tiempo. El desarrollo de la misión, del objeto social, de las políticas y de sus objetivos requieren de tiempo para su concreción. El período de una junta directiva está fijado por los estatutos y no siempre es coincidente con los plazos acordados en los planes estratégicos y operativos de la organización. Los estatutos deben definir, también, que tipo de criterios de permanencia y de rotación aplican. Si se permite la reelección indefinida o si, por el contrario, deben rotar los miembros que han cumplido uno o dos períodos.

La reelección indefinida es el procedimiento más cómodo pero a la vez el que más riesgos comporta para el logro del éxito y el buen desempeño de una junta, y por ende de la organización. Los riesgos son:

Tendencia al inmovilismo y al mantenimiento del status quo
Envejecimiento de los integrantes
Ausencia de relevo generacional
Ausencia de una cultura de evaluación
Instalación de la rutina y la lentitud como forma de proceder
Resistencia al cambio y freno a la innovación
Omisión de las oportunidades y desconocimiento de las amenazas del entorno
Exceso de confianza en el Presidente(a) y en el Director(a) Ejecutivo(a)
Instalación de un estilo autoritario o protocolario en la dirección de la junta
Vulnerabilidad del gobierno de la organización ante muerte o renuncia de los miembros
Perdida del liderazgo y posicionamiento de la organización
Mantenimiento a ultranza de una solidaridad de cuerpo

Las ventajas de la gobernabilidad democrática

El establecer y practicar el criterio de permanencia y rotación en la composición de la junta posibilita:

  • Asegurar el principio de la gobernabilidad democrática
  • Prever el empalme y el relevo generacional
  • Renovar sin traumatismos y conflictos el personal
  • Despersonalizar las razones de entrada y salida de miembros
  • Dinamizar el liderazgo y la participación
  • Ajustar la composición de la junta a los requerimientos del ciclo vital de la organización
  • Adoptar la evaluación del desempeño grupal e individual de la junta y de sus miembros
  • Aceptar los resultados de la evaluación de desempeño y emprender acciones correctivas
  • Impulsar la creatividad y a la innovación
  • Desterrar la rutina y la lentitud
  • Reconocer y propiciar nuevos liderazgos
  • Flexibilidad y aceptación al cambio

Períodos de junta de menos de dos años no permiten a los miembros el conocimiento pleno de la organización y del contexto. El cambio de todos los miembros sin asegurar la permanencia de una parte de la junta genera desconcierto, desconocimiento e interfiere con la continuidad de las políticas y los planes. La situación ideal es propiciar un equilibrio entre la permanencia y la rotación de los miembros atendiendo no solo a los requisitos estatutarios sino a la conveniencia del presente y futuro de la junta y de la organización. En este sentido el papel del presidente(a) es fundamental; es a él o ella a quien le corresponde estar atento y propiciar la toma de las decisiones más pertinentes. La rotación implica tener candidatos en remojo y un proceso definido de inducción y acompañamiento a los nuevos miembros. Salir de la junta no implica el retiro definitivo de la organización. Los comités de trabajo son la instancia adecuada para asegurar la continuidad del miembro saliente si este desea seguir vinculado a la organización. Y es está relación la que facilitará su reingreso a la junta en otro período si es su deseo hacerlo.

Consecuencias de no practicar la gobernabilidad democrática

¿Por qué unas organizaciones prefieren mantener la reelección indefinida de los miembros de su junta y presidentes(as)? ¿Por qué otras optan por combinar la permanencia y la rotación de su junta? Las razones y explicaciones hay que hallarlas en el modelo de gestión, en la voluntad de sus fundadores, en la cultura organizacional, en la concepción y ejercicio del poder.
El principio de la gobernabilidad democrática debe asegurar la aspiración y elegibilidad de los socios y socias a hacer parte de la junta y a desempeñar, si reúne los requisitos y los votos suficientes, la presidencia de la misma. Un estilo de dirección autoritario y una política de reelección indefinida son obstáculos para el ejercicio de la gobernabilidad democrática de la junta. Los valores de la democracia, de la transparencia, del buen gobierno y de la rendición de cuentas no son únicamente condiciones exigibles al funcionamiento de las entidades públicas. No. Son también valores y prácticas que deben permear las instancias de gobierno de las organizaciones de la sociedad civil. Si estas organizaciones demandan del Estado pulcritud y trabajan por la construcción de una sociedad más justa, pacífica y democrática deben, bajo un imperativo ético, dar ejemplo en su estructura social, línea de autoridad y ejercicio del poder, de los valores arriba aludidos. No hacerlo es indicativo del manejo de una doble moral, de falta de coherencia, integridad e incumplimiento de la misión institucional, de la cual, tarde o temprano, la sociedad, su legítima dueña, reclamará cuentas.