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Tuesday, March 22, 2022

EL EMPALME, RELEVO Y SUCESIÓN GENERACIONAL: UN ASUNTO CRUCIAL EN LAS JUNTAS DIRECTIVAS DE LAS ONG

 


EL EMPALME, RELEVO Y SUCESIÓN GENERACIONAL: UN ASUNTO CRUCIAL EN LAS JUNTAS DIRECTIVAS DE LAS ONG

 

Luis Julián Salas Rodas

Sociólogo

Universidad Pontificia Bolivariana

 Especialista y Magíster en Ciencias Sociales: Gerencia del Desarrollo Social

 Universidad de Antioquia

 Magíster en Ciencias de la Educación: Opción Desarrollo Social

 Universidad París XII

Exdirector ejecutivo de la Fundación Humano

Expresidente del Consejo directivo de la Federación Antioqueña de ONG

 Luijus34@gmail.com

 @LuisJulianSalas

 Blog en Google: Familia y Otros; Juntas Directivas ONG; ONG y Gerencia Social

 Medellín - Colombia


El objetivo del presente ensayo es el de analizar la conveniencia de tener políticas y criterios en el Gobierno Corporativo de una ONG que garantice, de manera permanente, el proceso de empalme y relevo generacional de los integrantes de su junta directiva, así como los inconvenientes de no hacerlo.

 Definiciones y enfoques

 Entendemos por empalme la acción de acercamiento e intercambio entre personas pertenecientes a distintas generaciones para traspasar el puesto en una junta directiva; por relevo el acto mismo del traspaso del puesto una vez retirado la persona mayor de la junta; por sucesión la continuación de un nuevo miembro que pasa a ocupar el puesto y desempeñar las funciones del anterior integrante de la junta.     

 Antes de entrar en materia es preciso y dilucidar tres conceptos relacionados con el empalme y el relevo; generación, Curso de Vida y ciclo de vida de las organizaciones. 

Dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española RAE que uno de las acepciones del término generación es:

 Conjunto de personas que, habiendo nacido en fechas próximas y recibido educación e influjos culturales y sociales semejantes, adoptan una actitud en cierto modo común en el ámbito del pensamiento o de la creación.  (www.dle,rae).

 Veinte años es el tiempo estimado que agrupa las personas de una generación.

 Las generaciones son la confluencia de factores biológicos, sociales y culturales que determinan cohortes de intereses y características comunes.  Son Los sicólogos sociales y los mercadólogos quiénes más han insistido en investigar esos intereses y características comunes, con el triple propósito de incrementar nuestros hábitos de consumo, hacernos gastar los ahorros y mantenernos endeudados; para ello nos han clasificado en cinco tipologías, así:

 Generación del silencio: nacidos entre 1925-1945

 Generación de los Baby Boomers: nacidos entre 1946-1964

 Generación X: nacidos entre 1965-1979

 Generación Y o Milenios: nacidos entre 1980-2000

 Generación Z o Centennials:  nacidos del 2000 en adelante

 (www.lavanguardia.com)

 Cada generación alberga y es depositaria de los logros y avances de las generaciones pasadas. Cada nueva generación hace rupturas simbólicas, culturales, políticas y sociales en el modo de concebir y convivir en el mundo. Cada generación hace aportes al saber, al conocimiento, a la civilización, a la ciencia, a la técnica, a la tecnología, a la mayor valoración de la vida, del medio ambiente. Son equivocados y no a lugar los juicios de descalificación que personas mayores de otras generaciones hacen sobre las nuevas generaciones, en el sentido de sentirse mejores, superiores en ética y moral. Ni mejores, ni peores, distintas, eso sí. Las generaciones hacen parte del entramado de relaciones interpersonales que constituyen una sociedad y es allí donde se encuentran y desencuentran en la familia, en el trabajo, en los espacios públicos, en las instituciones educativas, en los centros comerciales, hospitales, estadios, etc.

 Asociado al término de generación está el enfoque de Curso de Vida de las personas según la edad cronológica, así:

 Primera Infancia (0 – 5 años)

 Infancia (6 – 11 años)

 Adolescencia (12 – 18 años)

 Juventud (19 – 26 años)

 Adultez (27 – 59 años)

 Persona Mayor (60 años o más) (Envejecimiento – vejez)

 (www.minsalud.gov.co)

 Las personas de una misma edad o edad similar conforman los llamados grupos etarios, y suelen tener intereses, gustos, creencias y opiniones, también, similares. Los grupos etarios conforman, además, la pirámide poblacional y demográfica de una sociedad. A manera de ilustración, en la siguiente gráfica, podemos apreciar como ha cambiado la pirámide poblacional en Colombia en las últimas seis décadas:

  


    Como puede observarse la base de la pirámide se viene angostando en la medida que los grupos etarios correspondientes a la Primera Infancia e Infancia se han reducido, resultado del proceso de transición demográfica de 7 hijos por mujer en la década de los años cincuenta del siglo XX a 1.79 en 2019, por debajo, inclusive, de la reposición de la población que se estima en de 2.1 hijos por mujer. Esta inversión en la pirámide poblacional se refleja, paulatinamente, en una menor población infantil y juvenil y en un aumento de la población adulta y mayor. Se estima que la proyección de adultos mayores de 65 años en el año 2050 será del 21%, en la actualidad es de 9.1%., y de 34.4% al finalizar el siglo.  

El enfoque de Curso de Vida comprende desde el nacimiento hasta la muerte de las personas. El departamento de Cuidados Paliativos y Calidad de Vida del Hospital Infantil Federico Gómez de la Ciudad de México, dice al respecto:

 El enfoque del Curso de Vida, desde su concepción multidisciplinaria, pues se nutre de la demografía, sociología, historia, psicología, antropología, biología y epidemiologia para su formación conceptual. El enfoque da cuenta un complejo proceso de cambios en las trayectorias vitales de la población, derivados de eventos en el contexto social e individual de los sujetos, además que entrelaza el tiempo histórico y biológico para analizar la manera en la que estos configuran la manera de pensar, sentir y actuar. Por lo mismo, es fundamental para estudiar las etapas de desarrollo, desde la primera Infancia hasta la vejez.   

 El enfoque de Curso de Vida se utiliza para entender los cambios en la vida de la población, considerando sucesos de larga duración; es decir, sucesos que acontecen a lo largo de la vida con un calendario y una intensidad determinada por el proceso histórico que se vive y las condiciones propias de la población.  (www.scielo.org.mx).

 En la estructura organizativa de la teoría del desarrollo organizacional se trata el tema del ciclo de vida entendido este como:

 Un período de tiempo durante el cual la estructura atraviesa todas las etapas del desarrollo incluyendo: creación, crecimiento, madurez y decadencia. Estos cambios en el estado de la estructura se producen con una cierta periodicidad y frecuencia.

  El paso siguiente a la decadencia es la muerte, la liquidación definitiva de la organización, la cual puede evitarse si se lleva a cabo:

 Un cambio drástico de la estrategia junto con los cambios organizativos necesarios, puede hacer que la organización vuelva a la vida. El gerente debe considerar el uso de todos los recursos disponibles y centrarse en la dirección más rentable. Explorar las oportunidades de combinar con otras organizaciones para que el potencial existente pueda ser utilizado eficazmente con pérdidas mínimas. Conectar con nuevos mercados y embarcarse en cambios en el diseño de la organización.

(www.cesuma.mx).

 De acuerdo con las distintas etapas de la estructura organizacional la junta directiva debería ir ajustando la composición de sus integrantes según los retos, desafíos y nuevas competencias. Los miembros de la junta fundacional no siempre están suficientemente cualificados para responder a los requerimientos que exige las etapas de crecimiento y madurez. No siempre se obra en ese sentido y los miembros de la junta fundacional continúan siendo los mismos en las otras etapas de la estructura organizacional.

 Las organizaciones: creación humana

 organizaciones son creadas por las personas y son ellas las que determinan su estructura, funcionamiento, composición, expansión, crecimiento y cultura, si bien el contexto también las influye y condiciona. Al igual que sucede con las personas el paso, inexorable, del tiempo, que no puede detenerse, determina, también, las etapas del ciclo vital de las organizaciones. Las organizaciones adquieren una vida y dinámica propia. El tiempo y su paso es, pues, un factor decisivo a tener muy en cuenta en las decisiones de empalme, relevo generacional y sucesión tanto en las organizaciones como en sus juntas directivas. 

 Rol de las generaciones en las juntas directivas    

 De acuerdo a la tipología de generaciones, en la junta directiva de una ONG podemos encontrar en su composición representantes de varias generaciones o no. ¿De qué depende? De varios factores: de la antigüedad de la organización; de una cohorte homogénea de personas, en edad, fundadoras de la organización; de una política cerrada de acceso a nuevos miembros; o de una política abierta al ingreso de personas de distintas generaciones. 

 ¿Qué conviene más a una junta directiva? ¿Una junta directiva donde sus integrantes pertenecen todos a una misma generación, que tienen la calidad de ser socios/as fundadores y que han hecho parte de su creación, crecimiento y madurez de la organización? ¿O una junta directiva que permite el encuentro, las relaciones y la comunicación de personas de distintas generaciones y género? Cuando todos los integrantes comparten unos mismos principios, valores y actitudes podría decirse que esta homogeneidad favorecería el entendimiento, la toma de decisiones y los acuerdos. En principio así es, pero dicha junta carecería de la riqueza que proporciona la diversidad, la heterogeneidad, la pluralidad de opiniones, de, experiencias, de experticias de personas de distintas generaciones.

 Una forma de garantizar la participación y el encuentro generacional en una junta directiva es la de introducir en los estatutos una norma específica de rotación y permanencia de sus integrantes que regule el número de períodos en que se pueda permanecer y tener que retirarse. Por ejemplo: dos períodos continuos, un período por fuera y luego, si lo desea, volver a la junta. Otra medida es la de crear un comité de nominación de nuevos candidatos/as para cubrir las vacantes de la junta ya sea por renuncia o muerte. Este comité tendría como guía de trabajo las consideraciones y criterios de un perfil deseado de miembros según la etapa del ciclo vital de la organización y el direccionamiento estratégico. Estas medidas, si se implementan, permitirían un cambio ordenado de empalme, relevo y sucesión generacional en la composición de una junta directiva, pero, desafortunadamente son la excepción y no la regla en el sector de las ONG colombianas que no tienen procesos formalizados en este sentido. Y cuando ocurre la vacancia de un miembro se acude a conocidos o amigos de manera circunstancial e improvisada.

 Las ONG de origen familiar tienen características particulares frente a otros tipos de ONG. Allí la mayoría de los integrantes de la junta directiva están emparentados por lazos de sangre o afinidad y el empalme, relevo y sucesión se efectúa atendiendo a la dinastía familiar. Y no siempre este proceso está exento de dificultades, en especial cuando la generación fundadora se resiste a traspasar el control de la junta y la organización a la otra generación, o cuando ésta propone cambios en la dirección y orientación de la ONG y la generación fundadora se resiste al cambio. En estos casos la disputa y los conflictos entre familiares de distintas generaciones, si no se tramitan y resuelven en forma adecuada, puede hacer fracasar el empalme y el relevo generacional.  

 La importancia de seleccionar y elegir bien a los integrantes de una junta directiva

 De la misma forma rigurosa como la junta directiva selecciona y elige al director/a ejecutivo/a, y éste o ésta selecciona y elige a su equipo base de profesionales y empleados, así debería ser la selección, elección e inducción de un nuevo integrante de la junta. Allí deben estar las personas más preparadas, competentes, responsables y dispuestos posibles y no aquellas que dijeron si al primer llamado o ante la insistencia del presidente/a de la junta. Graves son las consecuencias de tal proceder para la buena marcha y funcionamiento de la junta. Un miembro así elegido no llega motivado, con deseos de aportar, no asume, a conciencia, las responsabilidades y compromisos del encargo fiduciario depositado en el o ella, y termina asumiendo una posición pasiva en las reuniones de junta directiva.

 Los riesgos de la reelección indefinida y que hacer con los miembros mayores que no quieren retirarse a tiempo

 La reelección indefinida, la perpetuidad en el cargo conlleva varios riesgos en una junta directiva: el autoritarismo, la inercia, la rutina, la autocomplacencia, el conformismo, el conservadurismo, la falta de innovación, de creatividad, el creerse “dueños” de la ONG, la ausencia de evaluación de desempeño tanto individual como grupal, y la resistencia al cambio. La reelección indefinida de los integrantes en la junta obra como una forma indebida de blindarse, de alejar temores ante la posibilidad de perder el control y el poder absoluto tanto de la junta como de la organización; así acudiendo a la solidaridad de cuerpo se resisten al cambio. Riesgos que pueden evitarse si se incorporan, y se cumplen, en el Código de Gobierno Corporativo disposiciones de empalme, relevo y sucesión.

 Suele darse en las juntas directivas la permanencia prolongada de socios/as fundadores/as que han envejecido perdiendo facultades cognitivas que les impiden participar y aportar. ¿Qué hacer con estos integrantes? Esta incomoda situación ocurre, sobre todo, en las juntas que no han incorporado en sus estatutos la norma de la rotación y permanencia. Estas personas han generado un vínculo afectivo y emocional con la organización y en sus años activos contribuyeron, sin duda, a su crecimiento y fortalecimiento. La salida digna es nombrarlos miembros honorarios y facilitar un proceso de empalme intergeneracional entre ellos/as y los nuevos miembros más jóvenes. De esta manera no se atenta con la dignidad humana de los miembros mayores y se pueden retirar sin resentimientos y con el agradecimiento de los demás integrantes de la junta por sus servicios prestados durante tantos años a la organización.

 La reelección indefinida versus la gobernabilidad democrática

 Anotábamos que uno de los riesgos latentes de una junta directiva de reelección indefinida de sus integrantes y de su presidente/a es el de establecer un estilo de presidencia autocrática en la conducción de la junta, estilo de conducción que no propicia la participación activa, la comunicación, la libre expresión de ideas, conceptos y argumentos entre los integrantes. 

 La gobernabilidad o gobernanza, en las ONG, es la capacidad real que tiene la junta y la dirección ejecutiva de tomar decisiones y de hacer efectivas, de cumplir con las políticas, lineamientos y órdenes necesarios para el cumplimiento de la misión y el objeto social de la organización.  La gobernabilidad tiene dos acepciones: la autoritaria y la democrática. El autoritarismo, que no la autoridad, es una forma de relación humana de ejercer el poder que impone a los otros el acatamiento, la sumisión, la obediencia incondicional a una voluntad superior. La democracia, por el contrario, implica establecer acuerdo de voluntades en libertad, en diálogo, concertación, aceptación de las diferencias, no de la desigualdad, acatamiento de las decisiones y la voluntad de las mayorías, respetando los intereses de las minorías.

 Aún persisten ONG con predominio de un estilo de conducción y ejercicio autoritario del poder, tanto al interior de la junta como en la dirección ejecutiva. El mal, el riesgo en que incurren es el de la apropiación indebida por parte de una persona o grupo de personas del control absoluto de la organización. Bajo una pretendida vocación de servicio altruista a la comunidad se agazapan las ansias de figuración, de reconocimiento social, de elevar el estatus social. Apropiación que instala un poder excluyente, coercitivo, que impide el relevo y la sucesión, el cambio en las instancias directivas. Asambleas y juntas donde solo se escucha la voz del presidente/a, del director/a ejecutivo/a y callan la de sus integrantes. Una ONG con gobernabilidad democrática es aquella donde los miembros de la asamblea puedan tener, todos y todas, la oportunidad, si así lo desean, no solo de elegir sino de ser elegidos como integrantes de la junta directiva y, también, de la presidencia.

 Y cierto es que existen exitosas y renombradas ONG de estilo autocrático, tanto en la presidencia de la junta como en la dirección ejecutiva, pero esas no son el paradigma a seguir en un Estado Social de Derecho que promueve los valores de la democracia, de los derechos humanos y la participación ciudadana en los asuntos públicos. Se puede ser una ONG exitosa, reconocida y renombrada bajo los principios y lineamientos de la gobernabilidad democrática. (Para una ampliación de este tema ver el siguiente blog en Google: ONG y Gerencia Social:  la gobernabilidad democrática en las juntas directivas de las ONG).      

 La validez de la prueba ácida y la trampa del fundador

 La prueba ácida de la sostenibilidad, de la permanencia en el tiempo de una ONG, en este caso, es que fallecidos sus fundadores/as la organización continua y no perece con ellos/as. Si se debilita, si perece es porque los fundadores/as no hicieron bien las cosas, no pensaron, ni tomaron decisiones para que esa situación extrema no ocurra. Ya lo escribimos al principio del ensayo, el paso del tiempo no solo afecta a las personas sino, también, a las organizaciones. En general las organizaciones se crean con el objetivo de perdurar en el tiempo, no son proyectos temporales, con un principio y fin determinado. El fundador/a principal de la ONG, su líder, es una persona con carisma, que motiva, concita y logra los recursos necesarios y la asociación de otras personas que lo acompañan y comparten su misión, visión y principios. ¡Y está muy bien que así sea! El problema que puede ocurrir, y de hecho muchas veces ocurre, es lo que yo llamo la trampa del fundador. ¿En qué consiste tal trampa? En que se establezca, de forma inmodificable, el culto a la personalidad del fundador/a y, por ende, a la misión original. Culto que impide ir haciendo los cambios en la medida que el contexto y las problemáticas de la sociedad demandan. Culto que instala y justifica la resistencia al cambio, a reformular la misión, el objeto social, las metodologías de intervención y la introducción de nuevos programas y proyectos. Culto que por lo general viene asociado con un estilo autocrático y antidemocrático en el manejo de la junta directiva por parte del inamovible presidente/a fundador.  directivo Un antídoto para no caer en esta nefasta condición es la vinculación de nuevos integrantes, de nuevas generaciones distintas a los fundadores/as que traigan aire fresco, nuevas ideas y propuestas a tono con los requerimientos del   contexto presente y futuro. Si el fundador/a y sus compañeros se encierran, frenan y no permiten el empalme, el relevo y la sucesión, la organización creada con tanto ímpetu y entusiasmo no pasará la prueba ácida del paso del tiempo y no solo decaerá, sino que perecerá.

 ¿Por qué hay que incorporar la evaluación de desempeño para los integrantes de la junta directiva de una ONG en el proceso de empalme, relevo y sucesión generacional?             

 La evaluación de desempeño, tanto individual como grupal, de los integrantes de una junta directiva de una ONG debería ser una práctica periódica y obligatoria de la cultura organizacional. Solo evaluando, monitoreando y haciendo seguimiento a indicadores, como es posible detectar los problemas, los obstáculos, las dificultades que impiden realizar, con eficacia, eficiencia y efectividad, las funciones, los compromisos y responsabilidades de los miembros de junta. Es evaluando, no hay otra forma, cómo se logra el mejoramiento continuo del desempeño de su encargo fiduciario. Desafortunadamente, también, no es ésta una práctica generalizada en las juntas directivas de nuestras ONG, donde se piensa que como los integrantes son voluntarios/as ad-honorem no los obliga someterse a ser evaluados. Gran error. Garrafal omisión. Si se considera que en una ONG es la junta directiva quien la gobierna, quien define y traza el Direccionamiento Estratégico, quien supervisa, asesora y acompaña a la dirección ejecutiva en su gestión social, administrativa y financiera, no puede cumplir a cabalidad y con aciertos estos compromisos sino acata y hace cumplir las conclusiones y recomendaciones de la evaluación de desempeño, tanto individual como grupal.

 La evaluación de desempeño individual es ante todo una autoevaluación; autoevaluación que implica ser honesto consigo mismo en las respuestas y así formarse un juicio personal, un balance, hacer un acto de contrición, que le permita decidir, a conciencia y en libertad, si está o no en condiciones de mejorar, de cambiar, de continuar como miembro de junta o de renunciar, de dar un paso al costado y posibilitar que lleguen otras personas a reemplazarlo. Es esta una de las ventajas que trae aplicar, con rigor, la evaluación de desempeño en una junta directiva.

 Conclusión. El empalme, el relevo y la sucesión generacional en la junta d no es. pues, un asunto menor, es, al contrario, un asunto crucial para garantizar la sostenibilidad y la perdurabilidad de la organización en el tiempo. No hacerlo afecta y pone en riesgo tanto a la junta directiva como a la organización. Estos tres pasos y momentos deben estar incorporados, y hacerlos cumplir, tanto en los estatutos como en el Código de Gobierno Corporativo.

 Juntar canas con ganas, así en forma literal, es una de las claves que permite a una junta directiva la conjunción, el encuentro, el intercambio productivo del conocimiento, experiencias y vivencias de las personas mayores con el entusiasmo, las ideas y propuestas innovadoras y de cambio de las personas más jóvenes. La mayor riqueza de una junta directiva no reside en la homogeneidad generacional de sus integrantes sino en la composición diversa de varias generaciones, que, mediante la observancia de los principios de la gobernabilidad democrática, de la libre opinión de las ideas, del diálogo, de las conversaciones, de los debates, de la construcción de consensos y del respeto a los disensos. El encuentro generacional así entendido cierra brechas, vence la resistencia al cambio,  al tiempo que despeja los temores e incertidumbres del empalme, el relevo y la sucesión en la junta directiva.

Monday, January 14, 2019

Acerca del empalme y el relevo generacional en los cargos de la alta dirección de las ONG






ACERCA DEL EMPALME Y EL RELEVO GENERACIONAL  EN LOS CARGOS DE LA ALTA DIRECCIÓN DE LAS ONG



Luis Julián Salas Rodas

Sociólogo

Universidad Pontificia Bolivariana

Especialista y Magíster en Ciencias Sociales: Gerencia del Desarrollo Social

Universidad de Antioquia

Magíster en Ciencias de la Educación: Opción Desarrollo Social

Universidad París XII

Exdirector ejecutivo de la Fundación Bien Humano

Expresidente del Consejo Directivo de la Federación Antioqueña de ONG


@LuisJulianSalas

Blogs en Google: Familia y Otros: Juntas directivas ONG; ONG y Gerencia Social

Medellín – Colombia




El tiempo… y su paso

En el continuo curso  de la vida de los seres humano ciertas circunstancias se nos imponen   y otras son consecuencia de nuestra  elección y decisión. El inexorable paso de los años no puede detenerse. Solo la muerte tiene esa atribución. En el proceso de envejecimiento, que inicia parejo al nacimiento, nos vemos abocados al cumplimiento de tareas y retos en cada etapa del curso vital: en la Primera Infancia lo son el sentar las bases del desarrollo biológico, intelectual y de la personalidad en la interacción con la familia; en la Segunda Infancia, el ingreso al colegio, a la educación formal y al relacionamiento con los maestros; en la adolescencia el interés y las preocupaciones se centran en los cambios físicos del cuerpo, las amistades, el noviazgo y el  inicio de la sexualidad; en la edad adulta, la elección y el ejercicio de una carrera u oficio, la búsqueda o no de una pareja, la crianza o no de unos hijos; en la madurez, se afianzan para bien o para mal, las decisiones personales, familiares y laborales tomadas en la edad adulta; y, en la vejez, si a ella llegamos, recogemos o no lo que sembramos en las etapas anteriores. Si nada sembramos, nada recogemos, si sembramos cizaña, cizaña obtendremos, si plantamos buenas semillas y las cuidamos disfrutaremos de una vida personal y familiar agradable aceptando, eso sí, que la enfermedad, la vejez y la muerte son inevitables y  hacen parte de la condición humana.

Las organizaciones

Las organizaciones no son seres inertes. No nacen de la nada o por generación espontánea. Son creación humana. La permanencia por muchos años no es prenda de garantía de invulnerabilidad. Ellas existen y mueren por las decisiones de quienes las fundan y administran. Tenemos, a título ilustrativo, el caso de la firma estadounidense de servicios financieros Lehhman Brothers, el cuarto banco más grande de ese país, que en el año de 2008 por la crisis de las hipotecas subprime en las que se involucró fue declarada en quiebra tras 127 años continuos de existencia.

A semejanza de los seres humanos, las organizaciones también requieren cumplir tareas y superar retos  para poder desarrollar las actividades necesarias para el logro de sus misiones y objetivos.  Así como un bebé requiere de tiempo para dar sus primeros pasos y caminar con firmeza, así las organizaciones requieren de tiempo para concretar los objetivos propuestos en resultados exitosos. Las organizaciones son sostenibles o no lo son por superar contextos  complejos o adversos en que les toca desenvolverse, tales como: una recesión económica, un mercado muy competido, una regulación excesiva, un accidente catastrófico, o  un cambio tecnológico no previsto. Además, como ya anotamos, se  ven afectadas por  las omisiones o decisiones equivocadas que toman sus propietarios, miembros de junta directiva o gerentes. En muchos casos el cierre y la liquidación de la organización se debe a una mezcla fatal de factores controlables y no controlables.

Permanencia y cambio

Permanencia y cambio son dos determinantes ineludibles tanto en la vida personal como en la  de las organizaciones. En la infancia la presencia, permanencia y disponibilidad de los padres y madres, o de quienes hagan sus veces, es crucial para la existencia y futuro desarrollo de los hijos. El abandono, de padres a hijos,  en estos años conlleva múltiples problemas para el resto de la vida. Las organizaciones se crean con el  propósito de permanecer en el tiempo para así poder cumplir el objeto social y misional que motivo su origen.  La permanencia es necesaria porque, como ya dijimos, los procesos para producir bienes, servicios y actividades requieren de tiempo y de un ambiente estable, pero el cambio también lo es ya sea este imprevisto, gradual o drástico. Permanencia no es sinónimo de inmovilidad.  

El cambio es la dinámica del universo y de todo tipo de vida. Y es el paso del tiempo y lo que él conlleva que nada permanece estático, inamovible. El problema con la permanencia es que nos vamos, poco a poco, acostumbrando a la seguridad, a las certezas tranquilizantes que nos acomodan en “zonas de confort”. Lo nuevo puede resultar desconcertante y amenazante al mullido confort ya  establecido. Cuando lo nuevo es percibido más como una  amenaza que como una oportunidad se corre el riesgo de que el miedo instale la resistencia al cambio, a la innovación. El miedo es la emoción más primaria y más intensa por cuanto  tiene el poder de paralizar la mente y el cuerpo. Los miedos infantiles generan terrores y fobias que suelen prevalecer hasta edades avanzadas.  El miedo corporativo también puede llevar  a la parálisis, al congelamiento gerencial en la toma de decisiones y en arraigar la resistencia al cambio.

Permanencia y cambio son, pues, los extremos de oscilación del péndulo de las decisiones estratégicas de toda organización.  Ante los requerimientos de la sostenibilidad,  las contingencias del presente y las incertidumbres del futuro es menester el análisis de aquello que debe permanecer  y aquello que es menester cambiar. La permanencia inmutable lleva a la rigidez, mientras que el cambio por el cambio lleva al caos y a la anarquía. Toca, pues, a la alta dirección determinar y decidir, con información confiable y oportuna, que debe permanecer y que debe ser cambiado. La peor decisión es no tomar ninguna decisión.

La rotación de períodos de sus miembros 

En Colombia pocas son las juntas directivas de ONG que tienen es sus estatutos, y cumplen, con la disposición de rotación de períodos de sus miembros. La práctica reiterada es el continuismo que solo se interrumpe por la renuncia o muerte de los miembros. Además está la ausencia de una cultura de la evaluación del desempeño. Tampoco existe, como en los Estados Unidos, comités de selección de candidatos para remplazar miembros de junta directiva. Generalmente no se remunera porque se considera una contribución voluntaria de tiempo y conocimiento en favor de la sociedad. Al contrario de las juntas directivas de las empresas del sector privado, que son remuneradas, en las juntas de las ONG no existe la “presión” de ser evaluados, individual o colectivamente,  por el desempeño para permanecer o no en el cargo.  Existe,  también, en estas organizaciones la figura de juntas directivas de carácter permanente que no son elegidas por una asamblea general de socios sino por cooptación de los miembros.

La aplicación de la cláusula de rotación de períodos implica que la propia junta directiva debe estar atenta a que se respete dicha disposición, situación que no siempre es fácil de cumplir cuando se carece de un comité activo de selección de candidatos. La disposición es sana en cuanto tiene por propósito ir renovando la junta al dar la oportunidad a otros socios y socias de la asamblea de participar de la junta y a los que cumplieron sus dos períodos continuos regresar a la junta si es su deseo. Es también muy conveniente cuando se quiere que un  determinado miembro, por diversas razones, no continué en la junta. Como la norma es impersonal el aplicarla no genera malestar o resentimientos.  La ventaja de tener estatutos, manuales y reglamentos, conocidos, escritos y aprobados, es que puede acudirse a ellos para solucionar conflictos o desavenencias no solo  legales como personales. La formalización institucional imparte orden mientras que la informalidad  causa desorden,  anarquía y arbitrariedad tanto en la toma de decisiones como en el funcionamiento  de todas las áreas de la organización.

Las largas  permanencias

Una organización exitosa y socialmente reconocida genera orgullo, autoestima y deseo de vinculación hacia ella no solo  a los empleados y trabajadores sino, también, a los miembros de la junta directiva. De una organización así casi nadie quiere desvincularse.  Su  pertenencia y permanencia en ella proporciona satisfacciones personales y sociales a las cuales no es fácil renunciar. Y he ahí un problema: ¿Qué hacer con el miembro que nada aporta, que aunque cumplido en su asistencia es silencioso en las reuniones de junta? ¿Qué hacer cuando el envejecimiento de un integrante es notorio y dormita en las sesiones? ¿Y si la ONG carece o es resistente a la evaluación personal y colectiva del desempeño? ¿Y si tampoco tiene en sus estatutos la cláusula de rotación y permanencia? ¿Y si, también, se  carece de un reglamento interno de la junta? Es un asunto complicado que toca resolver al presidente(a) de la junta directiva con buen tacto, prudencia y sentido común, si quiere que no decaiga la dinámica y el trabajo en equipo de la misma.

En cuanto a la permanencia y rotación del director(a) ejecutivo(a)  en una ONG la costumbre es su contratación a término indefinido y no contratos a término fijo. La  junta directiva delega en él o en ella, y en el equipo de trabajo, la consecución de los recursos necesarios para el funcionamiento de la organización, en especial cuando la organización es de primer piso, es decir, no dispone de los ingresos y rentas de un gran patrimonio. Las ONG suelen contar con directores(as) ejecutivos(as), que además de una larga permanencia, se  caracterizan por el fuerte  compromiso, responsabilidad, mística, sentido de pertenencia, liderazgo y relacionamiento interinstitucional. Lo grave del asunto radica en que este tipo de directores(as) terminan asumiendo, literalmente a sus espaldas, todo el peso de la estructura y funcionamiento de la organización. Ante este tipo de directores(as) las juntas directivas  se ubican en una zona de tranquilidad al confiar que él o ella afrontaran y presentaran los problemas con sus respectivas soluciones.  Cuando esto sucede la junta directiva deja de ejercer el liderazgo estratégico y el control pasa a ser una mera instancia de rutina protocolaria que poco valor agregado aporta en iniciativas y decisiones. Se limita a recibir informes y presentaciones de power point de su director (a). De esta forma queda instalada una relación de dependencia nociva de la junta directiva ante la dirección ejecutiva.  De igual forma como puede suceder en una junta directiva con integrantes de larga permanencia, un director(a) ejecutivo(a) con muchos años en su puesto también puede terminar siendo “defensor de su obra” y por lo tanto instalarse  en la resistencia al cambio por lo que este puede traerle más retos y trabajo.

El empalme y relevo generacional

La larga permanencia de las personas en una junta directiva conlleva al envejecimiento de la misma por falta de renovación. Así como es conveniente la diversidad de género, profesiones y posición social en una junta, también lo es la presencia de personas de distintas  generaciones, con distintos enfoques y puntos de vista que animen el debate y generen tensiones constructivas en la junta. El unanimismo,  como única forma de pensar y decidir resulta nocivo por cuanto anula el disenso y la libre expresión de las ideas. Para evitarlo resulta muy conveniente el mezclar, canas con ganas, es decir, experiencia con juventud.  El proceso de envejecimiento tiende a volvernos demasiado cautos, apegados a lo ya conocido, a convertirnos, en una junta directiva, en defensores y mantenedores de logros y éxitos pasados. La juventud trae lo nuevo, y como no está atada o comprometida con los sucesos del pasado propone cambios, transformaciones posibles y necesarias tanto a la junta como a la organización. Parodiando a la Canciller alemana Ángela Merkel,  en referencia  a la economía de su país,  cuando dice: tanto mercado como sea posible, tanto Estado como sea necesario, podríamos decir, en nuestros términos: tanta experiencia como sea necesaria, tanta juventud como sea posible.                    
En la realidad sicológica, social y cultural los procesos de cambio suelen tomar mucho tiempo. Las personas, las familias, las comunidades se aferran a sus actitudes, creencias, costumbres y tradiciones por cuanto estas proporcionan estabilidad, certeza y confianza en distintos ámbitos de la vida. El cambio direccionado y planeado requiere de pedagogía, de constancia y, como no, de reprocesos para que las nuevas actitudes y cambios comportamentales se produzcan y  perduren.  En las ONG suelen coexistir programas y proyectos para el desarrollo de su misión. Los programas se caracterizan por la permanencia institucional. Los proyectos, por el contrario, son temporales, generalmente de corta duración, inferiores a un año por requerimientos de la contratación estatal y/o la cooperación internacional. Ambos, programas y proyectos, son importantes para la organización independiente de la temporalidad en que se ejecuten.

Al inicio de las actividades de una ONG  impera el entusiasmo y todos los fundadores(as) contribuyen, de una u otra manera, a hacer realidad el sueño. Mientras ellos vivan y sigan vinculados la ONG pervive, pero la verdadera prueba de fuego es si la ONG permanecerá o no en el tiempo es cuando hayan fallecido todos sus fundadores(as).  Si la ONG continua es porque ellos y ellas hicieron bien las cosas. Si se liquida es porque no lo hicieron también como pensaban. Sin cambios y sin decisiones acertadas y oportunas no puede garantizarse la permanencia sostenible de la organización. Sin empalme y  relevo generacional es imposible, entonces, la continuidad institucional.  Y es, precisamente, la adecuada conciliación entre la experiencia y la juventud, las canas con las ganas, un factor clave para que la ONG no fenezca al desaparecer la generación de los fundadores(as). Empalmar es sinónimo de unión,  de acople entre dos partes. Relevo, por el contrario, es la sustitución de una persona o cosa por otra. (Wikipedia). En los regímenes democráticos, ya sean presidencialistas o parlamentarios, los mandatos políticos son temporales, implican elecciones y traspaso legal y pacífico del poder político del Estado; lo que no acontece en las dictaduras.

Dependiendo de la cultura organizacional se define o no la política a seguir en el remplazo del director(a) ejecutivo(a) ante su renuncia, jubilación o muerte. Decidir si lo más conveniente es  preparar al sucesor de un candidato interno o acudir a una firma caza talentos para vincular a una persona externa es responsabilidad exclusiva de la junta directiva. Ambas opciones son válidas. El nombramiento del director(a) ejecutivo(a) es su responsabilidad más importante. Si aciertan en la elección es un gran beneficio para la continuidad de la organización, si se equivocan las consecuencias pueden ser desastrosas.  Cuando el director(a) ejecutivo(a) saliente ha sido de larga permanencia el trabajo de empalme debe realizarse con todos los estamentos de la organización para despejar miedos y prevenir resistencias ocultas que le dificulten al nuevo directivo poner en marcha su propio estilo de liderazgo y ganarse la confianza y el respeto de los empleados y trabajadores. Muy importante, además, establecer una comunicación fluida y entendimiento tanto con el presidente(a) de la junta directiva como de todos sus integrantes. Si la decisión de elección ha sido la correcta y el empalme exitoso se evita la aparición de una crisis de gobernabilidad en la organización que puede generar la salida prematura del nuevo director(a).

Insisto en la importancia del concepto de empalme cuando se trata de realizar un relevo en algún miembro de la alta dirección de una organización. Relato esta anécdota que me sucedió y que me dio una lección de por vida en este asunto. Me encontraba reunido con el pleno de la  junta directiva hablando de la importancia de iniciar un proceso de fortalecimiento en temas de gobierno corporativo cuando, de improviso, se pone de pie uno de sus integrantes y en tono airado me expresó que se sentía molesto por la presentación que estaba realizando. Asombrado le pregunté la razón y me respondió, aún no había mencionado el tema, que él era la persona de más edad y de mayor permanencia en la junta, que se sentía muy a gusto y no tenía pensado renunciar. Acto seguido le indagué el por qué lo decía y me respondió que en la diapositiva,  que estaba a mis espaldas, estaba escrito el relevo generacional, tema que como ya dije no había mencionado aún. El presidente de la junta intervino y calmo al señor. Al terminar la sesión el presidente me dio el mejor consejo: vea Julián hablar de relevo generacional en una junta directiva donde hay personas mayores resulta muy amenazante e intimidatorio. Antes de tratar ese tema hable mejor de la importancia del empalme generacional como la oportunidad que tienen las personas mayores   de transferir a las más jóvenes sus  conocimientos, aprendizajes,  experiencias y sentido del compromiso en el manejo de la junta. Sabio y provechoso consejo el que me dio este ilustre presidente, el cual me hizo tomar conciencia del tono, respeto y dignidad con el que hay que proceder en estos temas, inevitables, con los integrantes de mayor edad en  las juntas directivas de las ONG.